Entiende tu alma y entenderás tu cuerpo. (V)

«Mira y despuebla,

contempla y aniquila,

no es tanto su poder

como el desvalimiento ajeno».

(C. Peri Rossi.)

…Quise pintar el guión. Escribir la escena. Coreografiar este momento único e irrepetible para él. Y es que hay vivencias que se suceden en el tiempo, hay otras que tal vez no, lo que está claro es que solo hay una primera vez y esta, siempre se queda grabada en la piel. Yo deseaba que un primer encuentro así, se perpetuara en su memoria por los siglos de los siglos.

Me acerqué al oido de mi nuevo sumiso, y según le besaba el cuello le susurré:

-Quiero más. Un paso más-

Tragó saliva. Suspiró. Juraría que entró en trance por unos instantes. Después alcanzó a balbucear:

-Como ordenes-

Pues claro, no esperaba menos de él.

Rose sabía muy bien lo que debía hacer, al fin y al cabo, llevaba años adiestrándola. Adiestrándole.

Imaginaba que este gran paso sería algo duro al principio, pero gracias a la sensualidad de Rose todos navegaríamos en este mar de placeres de la mejor manera. Lo que no sabía es que la sorprendida iba a ser yo. Me senté en mi trono de color violeta, maquillé mis labios y me dispuse a deleitarme observándoles.

Rose dirigió su mano hacia la gran boca de labios gruesos y el novato comenzó a lamer los dedos de uñas rosas. Uno a uno. Lento para pasar a engullirlos instantes después, dos, tres, los cinco a la vez. Esa misma mano que chorreaba borbotones de saliva se dirigió a la entrepierna del novato. Rose palpó su dureza, y cuando la dio por buena dirigió al reo contra la pared. Se situó detrás de él, separó sus piernas con un firme y suave movimiento y demoró caricias en sus prietas nalgas.

Rose se agachó. No pudo evitar hacer algo que yo sabía le excitaba sobremanera. Mordió sus glúteos. Los amasó. Los estrujó. Los besó. Dos cachetadas y volvió a ponerse en pie.

Rose comenzó por besar su espalda, subió lentamente hacia su cuello, se enredó en la nuca, en la comisura de sus labios. Le agarró del cuello fuerte y en un rápido movimiento el novato se volteó.

Exudaba excitación. Nervios y ganas. Hambre, y un qué sé yo que le hacía no dejar de moverse. Agarró del pelo a Rose y aterrizó sus labios contra los suyos. Sus lenguas se perdieron en mitad de una marea de suspiros y susurros.

Se respiraron. 

Se apretaron.

Se estrujaron. 

Se retorcieron. 

Se intuyeron. 

Se chuparon.

Los dedos de Rose comenzaron a buscar las cavidades más profundas del novato. Preludios de algo mejor…

Se dejaban hacer.

Se acariciaban. Se deseaban. Se anticipaban. Se fascinaban.

Los dedos húmedos buscaban cobijo y asilo por unos instantes.

Gemidos.

-Fóllame- suplicaba en voz baja el novato.

Rose no necesitó escucharlo dos veces.

Volvió a separar sus piernas. Nuevas cachetadas, una mano en el cuello de su amante y la otra en su miembro que se abría paso con firmeza.

Y entonces…

Se inflamaron, se acometieron, se enlazaron, se perforaron. Se atornillaron.

Se desgarraban…

Deleite para mis sentidos.

El novato estaba preparado para todo.

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