Desde la erótica del asombro.

Me gustan las sorpresas. Las que sacuden al alma y emborrachan los sentidos.

Regresaba de viaje, salía de la estación con el equipaje y llovía. Me dispuse a buscar un taxi.

De repente :-«¿Necesitas ayuda?».

Y así, como si fuese verdad que ocurre cada día la perfecta sincronía, su sonrisa salió a mi encuentro cuando más necesitaba unos brazos fuertes que soportaran mis maletas.

¿Qué hacía allí? Hacía tiempo que no hablábamos. No sabía mi nueva ubicación. Las últimas sesiones fueron en Madrid, le dije que volvería en algún momento y me respondió que esperaría. Pero a veces el azar es caprichoso.

Portó mi equipaje, subimos en su automóvil negro y me acompañó a mi apartamento.

Nos despedimos.

La ducha aguardaba mi cuerpo desnudo, enjaboné mi cansancio y con una pequeña toalla fui hacia el ventanal para dejarme acariciar por un sol un tanto remolón.

Cerré los ojos. Respiré.

Observé el bullicio que había en la entrada del hotel que se encontraba enfrente. Turistas que salían, otros entraban. Me detuve por un instante en una ventana de luces cálidas. Un rostro. Una sonrisa. Ahí estaba él de nuevo frente a mi apartamento, en la habitación de su hotel, como si nada.

Le puse un mensaje en un papel, si alcanzaba a leerlo, tendría su recompensa:

-«Entrégate al deseo con toda su lujuria y dolor».

Desapareció de la ventana. Su llamada en mi móvil:

-«Estoy frente a tu portal.»-

Le lancé un papel desde mi ventana hacia el portal, si daba con él, podría subir a mi encuentro:

-«El deseo de experimentar todo está ligado al de entregarlo todo.» Piso: 3A

Y allí estaba él, dispuesto a todo.

-«Más tuyo que nunca, me dijo».

Y entonces un mundo de posibilidades se abrió ante sus ojos. El imperio de la dominación. Un viaje erótico a lo posible. Un lugar donde el tiempo se mide en lujuria con aderezos de dolor.

Obediencia y entrega. Entregarse al placer para purificar al mundo.

Tarde de opciones:

-«Desnúdate.

Cierra los ojos.

Prepárate a sentir.

Libérate.»-

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