Besatemonos.

Había una vez una cosita muy sexy cabalgando entre mis sueños.

La cosita sexy fue mutando y lentamente llegó  a convertirse en algo tan sexy como seductor y ya no solo cabalgaba de noche, lo hacía también bajo los rayos dorados de mis muslos abiertos.

Y siguió creciendo y ahora era sexy-seductor-valiente. Y así fue aumentando la necesidad de decir su nombre. Siguió evolucionando como solo pueden hacerlo los que miran hacia adelante y se tornó en sexy-seductor-valiente-intenso. Así, como solo pueden serlo las cositas sexys de por allí.

A veces me llamaba desde el coche, en cualquier carretera perdida y con cualquier excusa, para acabar diciéndome que tenía mis bragas entre sus manos y que si le daba permiso para tocarse. Y me lo decía con su sexy-ronca voz, como si nada.

Y como si todo, yo le daba permiso a condición de que lo hiciera desnudo, y entonces él se desnudaba y permanecía así en el coche, esperando mis instrucciones mientras fusionábamos su ansia y mi deleite.

Desde su sexy sinceridad como solo los valientes saben hacer, me decía que necesitaba subir un peldaño más, o varios a la vez, y a mí que me ponen las escaladas le contestaba que estuviese preparado para todo.

Y todo es todo.

Sin limites- me decía medio jadeante de placer y éxtasis futuro.

Haremos de todo, salvar al mundo lo primero como dijo aquel,

después, marcarte…

El alma, la sonrisa, la piel- le anticipé.

Eres de una dulzura dolorosa- añadía mientras acariciaba su sexy desnudez en mitad de la nada. Y tal vez bajo el reflejo de alguna excitada luna que moría de ganas por rozarle en alguna de sus múltiples vidas.
Tal vez…en esta.

Después…escarbar en su rima.

Y tocarle.

Morirle. Amarle. Follarle.

 

 

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Con tu nombre en la punta de mi lengua.

«Y a ti que te pone», me pregunta

mientras clava su mirada en mis  futuros orgasmos.

a golpe de sonrisa demoledora…

 

Me pone la destrucción que nace al borde de cada poema.

La valentía de un «más lejos aún» cuando exploro tus límites.

La fortaleza  de tu debilidad esculpida a golpe de caricia.

Me ponen las mentes exploradoras.

La intensidad. Siempre.

Trazar mapas entre el agua y el aire.

Invadir. Penetrar. Vencer. Inundar. Aniquilar a besos.

Las diferente estrategias del placer.

Las voces que detienen el tiempo.

Dejar en carne viva tus deseos.

Los acentos con coordenadas norteñas .

Unos dedos que humedecen y revientan las constantes vitales.

El delirio de tu boca entre mis muslos.
La luz que hay en la oscuridad.

Las musas tiradas en el suelo, desnudas y borrachas de placer.

Y por encima de todo,

me pones tú.

«The female function is to explore, discover, invent, solve problems, all with love, in other words, create a magic word.»

 

 

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Aviso a navegantes.

Para que lo prometido no sea deuda… os informo que tendré nueva ubicación a partir del día 25.

Zona: Aravaca.

Para los que utilices transporte publico, el metro y cercanías estará al  lado.

Y para los que os movéis en coche, toda la zona es blanca afortunadamente, ni azules, ni verdes.

 

Os espero con novedades y sorpresas.

Besos grandes.

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El librero y la modelo.

Se conocieron en una librería una tarde de Enero. Ella entró para refugiarse del frío de Madrid en pleno invierno, al cobijo de los libros.

Según entraba por la puerta y se quitaba el sombrero negro se topaba con la mirada del dependiente.

Moreno, atractivo, sereno y así, en apenas unas miradas se le antojo el ser más sensual con el que había coincidido en este recién estrenado año.

Ella siguió quitándose más ropa mientras se dejaba envolver por la calidez de la tienda y de la música que sonabade fondo. Algún blues cuyo nombre no recordaba.

Primero se deshizo de los guantes negros y la chaqueta de cuero, negra también, llegó después.

Vestía un vaquero negro muy ajustado, un jersey blanco escotado y unas botas altas y negras de cuero. Carmín rojo más aquel  perfume  de Yves Saint Laurent que tanto le gustaba.

Se humedeció los labios, inspiró y se dirigió al librero. Antes de que ella le dijera nada, él se adelantó:

-¿En que puedo ayudarte?- y en cada sílaba dejaba escurrir una sonrisa.

Ella le dijo el titulo que buscaba y él se levantó inmediatamente para buscar el libro exacto.

Ella pudo notar que llevaba uno de sus olores preferidos en hombre

-Loewe, sin duda- pensó.

Según pasaba por su lado sin demasiada distancia, ella intentó atrapar su aroma.

El vestía un vaquero negro con un jersey negro de cuello alto. Llevaba barba de 2 días y unas gafas negras de pasta.

Alto, al menos, más que ella, aún con sus tacones.

Le dió el libro, ella pagó y él la dijo:-espero que lo disfrutes mucho-

-Y contigo-pensó ella.

Debía irse porque había quedado con 2 amigas, pero según salía por la puerta ya estaba maquinando como hacer para volver a la tienda.

La tarde pasó veloz y ya en su casa, abrió con avidez el libro.

Lo olió. Acarició la solapa y al abrir la primera página, comprobó que había un pequeño pósit con un número de teléfono y unas letras:

-Ojalá pudieras disfrutarlo conmigo-

Ella abrió los ojos y sonrió mientras se acariciaba el cabello. Llevo las puntas a su boca como solía hacer cuando se sentía impaciente y tras desvestirse y quedarse en lencería, le llamó por teléfono.

Y hablaron, y se rozaron las intenciones al otro lado de la realidad. Ella escuchó sus suspiros y él adoró sus silencios.

Y aunque a ella no le gustaban las prisas, esa noche no pudo encontrar demasiada dosis de paciencia en su bolso.

Así que la noche, Enero y Madrid les unió.

Sin saber como habían volado los segundos a demasiada velocidad.

El la susurró mientras se perdía en su cuello:

-Quitate la ropa o quítame las penas.-

-O ambas- pensó ella.

Y comenzó a ritmo de una suave canción con mucho saxo y guitarra a desvestirse, mientras él la observaba, de pie, sereno, casi impasible.

Ella se movió sinuosa, seductora, bailando al ritmo del delicioso saxo y sonriéndole.

Y cuando solo quedaron las botas negras sobre su piel, ella se tumbó sobre la cama.

Sin dejar de mirar sus oscuros ojos, se fue acomodando lentamente mientras abría sus  piernas .

El librero era un gran voyeur y ella una fiel exhibicionista.

A ella le gustaba posar, a veces lo hacia sola, frente al espejo.

Frente a cualquiera de los muchos espejos que adornaban su apartamento. Le gustaba observarse, moverse sinuosamente, quitarse la ropa interior o volver a ponérsela.

Se acariciaba el cabello, se lo recogía en una coleta improvisada y volvía a soltárselo mientras movía la cabeza. En otras ocasiones cogía una botella de champagne y comenzaba a dejarlo caer por su cuello y su pecho. Le gustaba ese tacto frio y burbujeante sobre su piel mientras sus dedos rozaban sus pezones, su ombligo y acababan sin demora en su sexo.

Ella era así.

Y él sin saberlo, no tardó demasiado en intuirlo.

-Abre más las  piernas, quiero verte bien -le decía el librero, mientras comenzaba a desvestirse .

Y ella, desnuda, con su pelo sobre las sabanas rosas, sonreía, le comía con la mirada y abría un poco más las piernas.

-Tócate para mí- y ella de momento siguió el ritmo de él, pausado. Excitante.

El, desnudo ya y frente a ella  comenzó a masturbarse, lenta y  pausadamente con un ritmo muy envolvente.

Ambos se miraban en todo momento. Ella le iba enredando con  palabras de colores y él suspiraba melodías.

A veces, ella sin darse cuenta cerraba un milímetro las piernas, y él la corregía con la mirada.

Volvía a la posición inicia. y continuaba acariciándose . Mojando sus dedos con saliva. Humedeciéndose y nadando bajo su atenta mirada.

Tal vez ocurrieron muchas más delicias entre ambos, pero ella recordó  e inmortalizó en su memoria ese primer día de exhibicionismo casual y no tan casual.

Y, ni él era librero. Simplemente ese día estaba haciendo un favor a un amigo en la tienda , ni ella era modelo, aunque esa noche ella posó para él, minutos, tal vez horas chorreantes de deseo. Él fue el librero más provocador que podría haber imaginado aquel viernes y ella fue la modelo más  seductora que él jamás había conocido.

Así a modo de capricho del destino coincidieron y siguen coincidiendo, cada viernes sobre las sábanas de raso negro de ella, o sobre el sofá de cuero rojo en el estudio de él.

 

 

“El observado revela al observador”

 

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A veces te busco. A mil veces te acercas.

A vos, que rimas de noche y me enciendes de día …

-Quiero entrar en tu poesía- me susurraste.

Y te llevé a cenar.

Elegí yo.

Me seguiste, tú.

Y acabamos en un restaurante japonés. En el privado exactamente, por eso de evitar ruidos, al menos esa fue la excusa.

Pedimos y rápidamente llegó el camarero.

-Un momento- Le indiqué.

-Desnúdate- Te indiqué.

No lo entendiste, pero lo hiciste.

Te sonreí.

-Túmbate sobre la mesa- Añadí.

Y ahí estabas tú. Desnudo encima de la mesa negra. Excitado. Expectante.

Y ahí estaba el camarero, sin entender demasiado o tal vez sí.

Perfecto- le dije mientras le invitaba a salir del salón con una sonrisa.

Los pedazos de sushi y sashimi empezaron a bailar sobre tu cuerpo, adornando tu piel que esperaba sin duda mi boca hambrienta. Y no tardaste en comprobar el roce de mis labios  recorriendo tu cuerpo en busca del delicado sushi selectamente escogido..

-No te muevas- te susurré suavemente al oído.

Me deshice del vestido rojo. Demasiado calor- pensé.

Me quedé con la ropa interior. Un corpiño negro, ligueros, medias altas a juego y un pequeño culotte de encaje . Mis pies estaban cubiertos con unas sandalias de suela roja.

Tenias los ojos abiertos, y aunque no podías moverte tu mirada buscó mi desnudez rápidamente.

Te besé en el cuello y me dispuse a comer, de tu cuerpo y en tu cuerpo.

Cogí los palillos y apenas los utilicé unos minutos, preferí seguir con mi lengua directamente.

Tus pezones se me antojaron de sabor a salmón, bajé hacia tu ombligo y el aguacate se unió al salmón. Mi lengua siguió bajando hacia tu sexo y los diminutos granos de arroz se mezclaron con tu excitación, todos revoloteando dentro de mi boca, pude saborear la mezcla de sabores y texturas. Me demoré . Me eternicé, mientras tú no dejabas de moverte o eso intentabas al menos, porque tuve que atarte.

Mi lengua seguía bailando sobre tu sexo con un ligero toque a soja.

Minutos.
Horas.
Eternidades.

Me suplicaste que te soltara y tuve que amarrarte más fuerte.

Me pediste que te permitiera liberar tanto placer acumulado  y te dije que te preocuparas del mío.

Fue entonces cuando me senté sobre tu rostro.

Sonreí.

Te besé.

Ya sabes lo que tienes que hacer- Te susurré de nuevo.

Me moví sinuosamente sobre ti, sintiendo la calidez de tu lengua mientras yo acariciaba mi pelo.

Y como fueron minutos, horas y eternidades. Sin saber como, entró el camarero.

Permaneció inmóvil, observando, sin hablar. Vi su reflejo en el espejo. Me hice la despistada y continué con mi placer en tus labios, y tu sexo entre mis dedos.

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Love is here, everyday.

Hay besos …

«Hay besos dulces, cálidos, tiernos, tan suaves como una caricia en mis muslos

como soplarte en tu nuca cuando no  lo esperas y que un escalofrío te recorra toda la piel.

Besos calientes, húmedos, incitando a sentir esa humedad en otras zonas, y cuando es así y ocurre ,vuelves a desear sus labios de nuevo empapando los tuyos, sumergidos , buceando muy dentro.

Besos de aprendiz, buscan, se chocan, quieren encontrar veredas abiertas y respuestas. Besos que succionan. Besos observadores.

Besos castos, superficiales, como jugando a esconderse y no entre mis piernas precisamente.

Besos hambrientos, con ansia de años. Besos activos con ganas de profundizar , de adentrarse en caminos con o sin retorno. Besos de lenguas enredadas.

Y luego están los tuyos. Besas como si no hubiera un mañana…Lo sabes. Paras y vuelves. Lento y violento. Suave e intenso. Besos que envuelven, llenan. Besos de estoy aquí para no irme. Besos de ni se te ocurra irte. Besos con olor a ti. Con sabor  a miel. Besas y me entregas tu alma, si alma tuvieras. Eternizas el instante. Besos con sabor a riesgo.»

Besos según el Kamasutra.

1. Beso ladeado: Cuando las cabezas de los dos se inclinan en direcciones opuestas y en esta postura se produce el beso. Las cabezas inclinadas permiten un mejor contacto de los labios y una honda penetración de la lengua.

2. Beso inclinado: Cuando uno de los dos echa la cabeza hacia atrás y el otro que lo sujeta por el mentón, lo besa. La dulzura y el afecto son las emociones principales que se transmiten con este beso.

3. Beso directo: Cuando los labios de los dos se unen directamente y se chupan como si fuera una fruta. Es un tipo de beso lo importante son los labios que se mordisquean y se acarician con la lengua.

4. Beso presión: Se presionan los labios fuertemente con la boca cerrada. Es un beso para iniciar la relación o para terminarla, no conviene mantenerlo durante mucho tiempo. Los dientes se clavan en la parte interior de los labios y puede salir sangre.

5. Beso superior: Cuando uno de los dos toma con sus dientes el labio superior y el otro le devuelve el beso besándole en el labio inferior.

6. Beso broche: Cuando uno de los dos sujeta con sus labios los de su amante, se llama beso broche. Si el que realiza el beso toca con su lengua los dientes, las encías, la lengua o el paladar del otro, se llama “lucha de la lengua”.

7. Beso palpitante: Cuando uno de los dos deposita sobre los labios miles de besos muy pequeños recorriendo la boca y las comisuras.

8. Beso contacto: Cuando se toca ligeramente con la lengua la boca del otro y apenas se hace contacto con los labios.

9. Beso para encender la llama: Es el beso en las comisuras de los labios para encender el amor.

10. Beso para distraer: Puede darse en las mejillas, pero según el Kamasutra, otros lugares recomendados son: la frente, los ojos, las mejillas, la garganta, el pecho, la zona interior de la boca, la raíz del cabello, la nuca y el cuello junto a la clavícula.

11. Beso nominal: Cuando uno se limita a tocar la boca del otro, después de besarla, con dos dedos.

12. Beso con las pestañas: Cuando se recorre los labios o la cara del otro y se acarician las pestañas con besos.

13. Beso con un dedo: Cuando el amante recorre la boca de la amada por dentro y por fuera con un dedo.

14. Beso con dos dedos: Cuando el amante cierra los dedos, los moja ligeramente y presiona con ellos la boca de la amada.

15. Beso que despierta: El beso que se da en las sienes, cerca del nacimiento del pelo, cuando el otro está dormido, para despertarlo con suavidad.

16. Beso que demuestra: Suelen darse por la noche y en lugares públicos. Uno de los dos se acerca al otro y le besa suavemente en la mano o el cuello.

17. Beso del recuerdo: Se da cuando los amantes están descansando con la pasión satisfecha y uno de ellos deposita su cabeza sobre el muslo del otro y la deja caer, besándole en el muslo o en el dedo gordo del pie.

18. Beso transferido: Este beso ocurre cuando el amante, en presencia de la amada, besa a un niño que tiene sentado en su regazo o un retrato o una imagen o cualquier cosa, mirándola para que sepa que ese beso es para ella.

19. Beso lagrimoso: Se produce cuando uno de los dos echa tanto de menos al otro que, en su ausencia, besa su retrato.

20. Beso viajero: Aunque parece que los besos siempre suelen centrarse en la boca, posar los labios en otras partes del cuerpo es una forma de excitar garantizada.

21. Beso al pecho: Los besos en en el pecho son los que se aplican primero con los labios, suavemente y con un poco de saliva.

22. Beso sin reloj: la idea es olvidarse de todo y concentrarse solamente en las caricias y besos que se le da a la pareja para que la experiencia sea más placentera para ambos.

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¿Una peli…?

«Nací para ser libre,

pero si en el camino mis piernas se enredan con las tuyas,

juro que no he de quejarme.»

(Henry and June)

Los amantes del círculo polar

Caotica Ana.

Belle de Jour.

Amantes.

La historia de O.

La casa de Jade.

Fuego en el cuerpo.

Fuego fatuo.

Una relación privada.

Sleeping beauty.

Una relación pornográfica.

Las edades de Lulu.

El amante.

Caligula.

Asfalto.

La venus de las pieles.

Experiencia prematrimonial.

Adolescentes.

Bailame el agua.

La vida de Adele.

La casa de Jade.

Romance X.

Piedras.

Delta de Venus.

Herida.

La mujer del teniente francés.

Madame butterfly.

Lunas de Hiel.

Habitación 2046.

Silvia.

Ultimo tango en Paris.

Desayuno con diamantes.

¿Quien llama a mi puerta?

La dolce vitta.

Gilda.

La gran belleza.

El árbol de la vida.

Dias de vino y rosas.

Orquidea Salvaje.

Eyes wide shut.

Cuentos inmorales.

9 songs

Doctor Zhivago

Piernas de terciopelo

Delicias turcas.

La pasión turca.

Carmen.

El lado oscuro del corazón.

El imperio de los sentidos.

Ese oscuro objeto del deseo.

Portero de noche.

Diario de una ninfómana.

Nymphomaniac.

Son de mar.

Suavemente me mata.

Secretary.

La puta y la ballena.

Martin H.

Emmanuelle

Love

Un nuevo mundo

Solo los amantes sobreviven

Más fuerte que su destino.

Broken English.

The duke of Burgundy.

5 to 7.

La flaqueza del Bolchevique.

Femme fatale.

La ultima seducción.

Gilda.

Henry and June.

La dama de Shanghai.

Perversidad.

El cartero siempre llama 2 veces.

La dalia negra.

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